Escuchando en la estación de trenes de Oviedo

[El siguiente texto refleja una salida con el grupo de trabajo de mapa sonoru por la estación de trenes de Oviedo una mañana de marzo de 2014.]

La voz de autómata que anunciaba la siguiente parada, Oviedo, enlazaba a duras penas las palabras para formar una frase entrecortada, de esas a las que ya nos estamos acostumbrando. De repente un pequeño ajetreo de mochilas y bolsas en el vagón, y de pasos, aunque nada que ver con el mismo tren un día laborable. Después la pulsación de un botón y el sonido mecánico de las puertas al abrirse. Al bajar más pasos, unos tacones por mi derecha y enfrente los tornos abriéndose y cerrándose en intervalos individualizados. De fondo el tren resoplaba como para coger aire y a falta del silbato de antaño, unos fuertes pitidos anunciaban la reanudación de la marcha. La aceleración y el sonido del avance de la mole por las vías dejaban una agradable sensación sonora que se iba alejando junto al tren.

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Los sonidos de Walden Pond

Así describe Henry David Thoreau, en Walden, su experiencia escuchando atentamente el entorno en el que vivió durante más de dos años:

«A veces, en una mañana de verano, tras mi baño de costumbre, me sentaba en el umbral soleado desde el amanecer hasta el mediodía, absorto en una ensoñación, entre los pinos, nogales y zumaques, en imperturbada soledad y tranquilidad, mientras los pájaros cantaban alrededor o revoloteaban silenciosos por la casa, hasta que, por la puesta de sol en mi ventana occidental o por el sonido del carro de algún viajero en la lejana carretera, me acordaba del paso del tiempo. En aquellos instantes crecía como el maíz por la noche, y resultaban mejor de lo que habría sido cualquier trabajo con las manos. No era tiempo sustraído de mi vida, pues estaba muy por encima de mi renta habitual. Me di cuenta de lo que los orientales entienden por la contemplación y el abandono de las obras. En gran medida, no me importaba cómo pasaban las horas. El día avanzaba como para iluminar alguno de mis trabajos; era por la mañana y, mirad, ahora es por la tarde y nada memorable se ha logrado. En lugar de cantar como los pájaros, sonreía silenciosamente por mi incesante buena fortuna.»

Incapaces

Como se ha venido anunciando estos días, el gobierno español ha aprobado un anteproyecto de ley con el objetivo de suprimir la libertad de las mujeres embarazadas y sometidas a la legislación de este Estado para decidir si desean parir o no. Según este texto, si una mujer embarazada decide que no quiere que el feto que tiene en su interior se llegue a desarrollar puede ser obligada por la fuerza a hacerlo salvo en dos escenarios muy concretos: que haya sido violada y lo demuestre antes de 12 semanas, o que su vida corra peligro y antes de las 22 semanas de embarazo dos personas tituladas en medicina opinen que esto es cierto. Además, para poder acogerse a alguno de estos dos supuestos, la mujer será sometida a la burocracia y al adoctrinamiento para intentar disuadirla de su deseo, sin importar si ha sido salvajemente violada o si el riesgo para su salud es máximo. Obviamente, para cualquier persona que tenga un mínimo de respeto por la libertad, esto es barbarie pura. Sólo los sectores más reaccionarios, dogmáticos y recalcitrantes de la sociedad pueden defender a día de hoy un atropello semejante hacia las mujeres.

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La política de arriba y el esfuerzo

¿Qué pueden tener que ver la política de arriba y ese gancho propagandístico tan moderno que dice “consígalo en poco tiempo y sin esfuerzo”? Después de leer este fragmento de un comunicado del Subcomandante Marcos no queda ninguna duda:

«[…] Así que, aprovechando que – al igual que millones de personas –, la coyuntura histórica no nos toma en cuenta, y mientras llega el día fatídico en que inicien los cursos de la escuelita zapatista, Durito impartirá ahora un curso propedéutico, dice, de “alta política”.

Y para hacerlo, Durito se pone en modo “Massively Multiplayer Online – MMO –” (para que todo el mundo se entere, dice – al menos en World of Warcraft y en Call of Duty –) y comienza con… ¡¿Un twit?!
“Los partidos políticos institucionales son el “bioshacker” de la lucha por la libertad”

(Durito sonríe satisfecho de su capacidad de síntesis, pero siente la necesidad de extenderse así que… a sufrir…)

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“Sobre el fenómeno de los trabajos absurdos”, por David Graeber

[Traducción del artículo original On the Phenomenon of Bullshit Jobs, escrito por David Graeber.]

En el año 1930, John Maynard Keynes predijo que, para finales de siglo, la tecnología habría avanzado lo suficiente como para que países como Gran Bretaña o los Estados Unidos hubieran conseguido una semana laboral de 15 horas. Hay muchas razones para creer que estaba en lo cierto. En términos tecnológicos, somos muy capaces de ello. Y sin embargo no ocurrió. En lugar de eso la tecnología ha estado dirigida, en el mejor de los casos, a descubrir formas de hacernos trabajar más a todos. Para lograr esto se han tenido que crear empleos que son, de hecho, inútiles. Gran cantidad de personas, en Europa y Norteamérica en particular, pasan toda su vida laboral desempeñando tareas que, en el fondo, creen que realmente no es necesario llevar a cabo. El daño moral y espiritual que resulta de esta situación es profundo. Es una cicatriz en nuestra alma colectiva. Sin embargo, prácticamente nadie habla de ello.

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